Las aportaciones no dinerarias en el capital de la sociedad

 En Derecho mercantil

Uno de los factores principales que afectan al éxito o al fracaso de una empresa, es el grado en que realmente se explota su capital intelectual. Los empresarios han de conocer el valor de los derechos de Propiedad Industrial e Intelectual, al mismo tiempo que inexorablemente deben de conocer el valor de los activos tangibles.

Cabe traer a colación en este punto la particularidad del régimen de los intangibles como objeto de una aportación no dineraria.

Aportaciones no dinerarias son aquellas que no se realizan en metálico: se aportan bienes o derechos patrimoniales susceptibles de valoración económica y transmisible, de tal manera que para su efectividad sólo será necesario acreditar la propiedad o titularidad sobre el bien y llevar a efecto una valoración económica del mismo.

En los artículos 58 y siguientes del Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, que aprueba el texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital (LSC), queda establecido cómo el capital social aportado por los socios, tanto en el momento de la constitución de la sociedad como en posteriores ampliaciones de capital, puede consistir tanto en aportaciones dinerarias como en aportaciones no dinerarias.

De aquí también surge la importancia de este tipo de bienes intangibles, para los emprendedores, que si registran y valoran el activo intangible del que son propietarios, ya que éstos, sirviéndose de cualquiera de las diversas modalidades de Propiedad Industrial o de Propiedad Intelectual previstas legalmente, podrán emplear tal conocimiento como su aportación a la sociedad que se está constituyendo o que ya está funcionando, con el consiguiente reflejo en el accionariado o reparto de participaciones sociales, en el que podrán contar con el respaldo oportuno al esfuerzo intelectual y personal que ha supuesto la idea emprendida. Por ello, estas operaciones con aportaciones no dinerarias se suelen efectuar cuando se ha querido constituir una nueva empresa o incorporar o dar entrada en el capital a un nuevo socio que va a aportar un activo de importancia, que en ocasiones es precisamente el motor o causa de ese relanzamiento o desarrollo de la sociedad: por ejemplo la explotación de una patente (propiedad industrial) o de una aplicación informática (propiedad intelectual).

El requisito de la valoración viene regulado en los artículos 67 y ss. de la Ley de Sociedades de Capital, donde se establece la necesidad de que estas aportaciones sean objeto de informe por parte de expertos profesionales independientes con la oportuna formación especializada, experiencia, bagaje y competencia profesional y designados por el Registrador Mercantil. Informe en el que se tendrá que describir el bien intangible objeto concreto de la aportación, incluyendo sus datos registrales (de ahí la importancia de las inscripciones de marcas, patentes y diseños industriales o derechos de propiedad intelectual) y las valoraciones de los mismos.

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